Antes de mi viaje me advirtieron que en Beijing no había ningún aviso escrito en “cristiano”. Que era imposible tomar el subway... pero la cosa no es tan grave. Es cierto que casi no hay avisos en inglés, pero los pocos que hay funcionan. El metro tiene nombres que se pueden leer. Las líneas no son complicadas y sus estaciones muy convenientes para llegar a donde se quiere llegar. Sólo vale 2 yuanes. En la estación de Fuxingmen, cerca a mi hotel, me doy cuenta que realmente hay mucho chino en esta ciudad. Mucho.
Llego emocionada. Pago la entrada, alquilo la audio guía y comienzo una verdadera travesía por la historia ancestral de la humanidad. Lo primero que veo es una gran plaza atravesada por un pequeño río congelado, el cual es cruzado por 5 pequeños puentes. 3 puertas se ven al fondo. Inmediatamente me transporto a una película de época y prácticamente puedo “ver” a montones de soldados de rodillas en la plaza, esperando ver a su Emperador caminando por la puerta central. Triunfal.
Me concentro en lo que estoy. Estoy en lo que por años fue sede del gobierno chino, en el hogar de antiguos emperadores, todos con una gran corte de esposas y cientos de soldados eunucos. Fue construido en 1.404… ¡¡¡1.404!!! … muuuuucho antes de que nuestro glorioso continente America apareciera en el mapa…
47 años antes de que Cristóbal Colon viniera al mundo, los Chinos construían impresionantes edificaciones hechas en sólo madera, pintada de un rojo intenso y con muchas bases, escaleras y murales hechos en mármol. Montones de figuras de animales, especialmente dragones, decoran los techos de cada construcción. Cientos de historias se pueden sentir e imaginar en cada pasillo, plaza y habitación. Toda la “etiqueta” imperial, la manera en que se relacionaba la gente de la antigua china, mucha mística, poder, control y calma a la vez.
Yo quiero ir a una calle cultural llamada “Liulichan” y ella se ofrece a acompañarme. Magnifico, ahora voy a tener una experiencia china verdaderamente LOCAL. A eso de las 5 pm tomamos un bus que está próximo a reventar… de gente! Me preocupo por una posibilidad de robo, pero Andy me explica muy puntualmente que la ciudad es segura “En la Chima, mientras podamos comer y trabajar, no hay porqué preocuparse. Es un país seguro”.
No logramos llegar a la famosa calle de los artistas, pero insisto en invitar a Andy a comer. Vamos a un restaurante de la zona, uno real, uno en donde no hay avisos en inglés para traducir el menú. Andy se encarga de ordenar: dumplings, noodles,champiñones, pollo, etc. Comemos absolutamente delicioso y de paso me doy una idea más cercana de lo que es vivir en China. Un país muy grande en donde cada uno está en lo suyo. No necesariamente preocupados por la cuestión política y la religión es una búsqueda más personal que una tradición de familia. La mayoría vive una vida saludable, longeva y sana. A pesar de que grandes ciudades como Beijing y Shangai adoptan cada vez más el estilo agitado de los occidentales, la mayoría de chinos viven tranquilamente en provincia, en el campo y están en cama muy temprano en la noche. Una cultura muy tranquila y sosegada (bueno, al menos la cultura que me presenta Andy).
Lo que más me gusta de mi última noche en Beijing, es que a través de mi nueva amiga confirmo mi teoría de que la gente es gente, ¡aquí y en Pekín! Aunque estoy al otro lado del mundo, aunque sólo se hable mandarín y aunque haya montones de años de historia de diferencia, Andy es la muestra de que todas las mujeres a los 25 se preocupan por lo mismo: cómo conseguir un buen novio en estos días, cómo explicarle a una mamá que todavía no es tiempo de casarse, cómo concretar sueños de viajes, y un buen trabajo. La gente es gente.
A dormir.

Liliana
Enero, 29 de 2008.